31 de Octubre

Como siempre he bajado hoy al cementerio, no me gusta la parafernalia tradicional de mañana. La respeto aunque me parezca una falta total de ella, no es mas solemne acordonar ese lugar con flores de dudosa procedencia, souvenirs y una procesión de gente.

Me siento en paz en el cementerio, no busquéis un motivo lúgubre o siniestro en mis palabras, pero es un lugar tranquilo y místico. Quizá tanto ruido durante un día os llegue a molestar, sobre todo cuando os seguís teniendo los unos a los otros allí. No en vida física pero si en forma de ánimas. Aparto el lado tradicional y no os llevo flores, os fuisteis con mi nombre en vuestros labios como ultimo suspiro, cosa que agradezco y es honorable. Fiel al mito de Caronte y su barca, aquella que cruza esa laguna Estigia previo pago, os llevateis a la tumba algo que fue mio y cuyo valor es inmaterial. Siempre he creído que Caronte aprecia mas un pago sentimental y eterno, las monedas sólo son un lastre para su viaje.

Siempre os ofrezco un beso cálido en la fría lápida, sé que vosotros agradeceis las cosas sencillas y mi recuerdo. Os lloré en su día y cuando fue necesario, ahora no es tiempo de lágrimas. No hay obligaciones entre nosotros y no las hubo nunca.

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